LA NECESIDAD DE UN GRAN PACTO NACIONAL
Las repercusiones de la crisis mundial sobre España están poniendo de manifiesto –y lo van a hacer de forma creciente– las debilidades (endeudamiento y dependencia) sobre las que se levanta el crecimiento económico de las últimas décadas. Si no hay un giro en este modelo, no es en absoluto descabellado suponer que –dada la envergadura y la dimensión que está adquiriendo la crisis financiera mundial– nuestro país pueda llegar a enfrentarse en el futuro inmediato a una auténtica crisis nacional. Por eso es por lo que es urgente un gran pacto o acuerdo nacional para poner en marcha un plan de ahorro e inversión que acabe con las cuatro grandes dependencias y cambie el modelo de crecimiento económico del país.
El gobierno de Zapatero está enrocado en minimizar la crisis y sus efectos sobre la economía española, sin reconocer su responsabilidad –evidentemente no en la crisis de las “hipotecas basura” con origen en EEUU– en las causas específicas que agravan la crisis en nuestro país. ¿Porqué han mantenido un modelo económico (el del ladrillo) heredado de las etapas anteriores cuando todo indicaba que había que cambiarlo? ¿Por qué no se ha aprovechado las etapas de crecimiento para abordar los cambios estructurales que permitieran hacer de la nuestra una economía avanzada y competitiva? ¿Por qué no se han aprovechado los años de crecimiento, “de vacas gordas”, para impulsar una redistribución más justa de la riqueza?
Y sobre todo, ¿por qué no se han abordado los problemas estructurales de nuestra economía, concentrados en la dependencia del exterior, un modelo basado en la construcción, el despilfarro de los recursos públicos en todos los niveles de la administración (central, autonómica y local) y una distribución de la riqueza que beneficia sobre todo a los sectores económicamente más poderosos del país? Basta mirar cómo durante quince años han crecido hasta el 73% los beneficios del IBEX-35 mientras los salarios perdían el 4% de su poder adquisitivo.
Aunque los efectos más sangrantes de la crisis se concentran en el pueblo trabajador, la crisis afecta al conjunto de la nación y a los intereses de la inmensa mayoría de los diferentes sectores sociales. Es por eso que el interés común está en dar una respuesta común a la crisis, articulando un gran pacto nacional que implique al conjunto de la nación en una salida a la crisis que siente las bases para acabar con las cuatro grandes dependencias, cree una economía altamente competitiva y su riqueza está al servicio de los intereses nacionales y de las necesidades de la mayoría del país. Pacto nacional para el que se precisa –y al que hay que llamar en su apoyo– la participación del conjunto de fuerzas sociales, políticas, sindicales y económicas del país, a personalidades y profesionales.
Una respuesta que ha de empezar por comprometerse con un plan de ahorro nacional que parta en primer lugar de apretar el cinturón a las mismas cuentas del Estado en todos sus niveles, el central, autonómico y municipal, que en su conjunto se han convertido en un auténtico agujero negro de endeudamiento, despilfarro y clientelismo político. Baste recordar que en los últimos diez años la deuda de las Comunidades Autónomas aumentó un 173%, un 71% la de los Ayuntamientos y otro 53% la del Estado. Por no hablar del despilfarro en las empresas y televisiones públicas, el pago de comisiones y “asesores”, los gastos suntuosos e innecesarios, etc
Ninguna alternativa puede ponerse en pie hoy en España sin promover al mismo tiempo la regeneración de la vida política del país, de forma que los ciudadanos tengan cada vez más instrumentos de intervención y control sobre las diferentes administraciones. Potenciar los instrumentos de participación ciudadana, de los profesionales en los planes científicos, de los trabajadores y todos los sindicatos –no sólo los mayoritarios– en el control de los planes de las empresas, de las comisiones de control en los planes de las Administraciones, de las asociaciones de consumidores en los precios, incluso abriendo la perspectiva de una cambio en la ley electoral que potencie las listas abiertas, es absolutamente imprescindible.

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